El Foro Militar de Venezuela

historias de espionaje en latinoamerica

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historias de espionaje en latinoamerica

Mensaje por salmon profugo el Dom 22 Nov - 13:18

abro este interezante tema,,

como esta de moda,,,jajajaj

nota del mercurio de hoy,,,,,,,

El servicio secreto de la Alemania comunista: Cómo operó la Stasi en Chile

Estuvo cerca de Salvador Allende desde fines de los 60. Le brindó protección siendo gobernante y luego, tras el 11 de septiembre de 1973, ayudó a salir de Chile a Clodomiro Almeyda, Carlos Altamirano y Luis Corvalán.

Carlos Saldivia

Desde fines de los años 60, Erick Mielke, ministro de Seguridad e Inteligencia del Estado de Erich Honecker entre 1957 y 1987, decidió que la "Hauptverwaltung Aufklärung", el Buró Principal de Reconocimiento de la Stasi para operaciones encubiertas en el extranjero, debía abrir cuatro nuevas oficinas permanentes en países de América Latina. Las capitales escogidas para coordinar operaciones fueron Managua, Sao Paulo, Buenos Aires y Santiago, que se sumaban a las de La Habana.

"La Stasi, cuyo rol formal no fue definido en la legislación, tenía a su cargo la supervigilancia política doméstica y el espionaje foráneo y era, en teoría, supervisada por el Partido Socialista Unificado (SED). En un comienzo, su personal era reducido y su prioridad era la contrainteligencia para enfrentar a Occidente y los vestigios del nazismo. Luego se agigantó, radicalizó y adoptó el molde del KGB soviético, llegando incluso a secuestrar a desertores que escaparon al Oeste para encarcelarlos. En 1989 tenía entre 500 mil y 2 millones de colaboradores, 91 mil empleados regulares, y mantenía archivos de 6 millones de personas", señala desde Viena una diplomática checa que trabajó en la RDA.

Objetivo: Allende

En Santiago, en 1970, el embajador de la RDA, Harry Spindler, recibió instrucciones de Hermann Axen, el canciller en las sombras de Honecker, de colaborar con el "agente de caso" Paul Ruschin y sus dos ayudantes que habrían arribado a Chile ese año y que reportaban sus actividades al segundo de la Stasi, Markus Wolf, director de contrainteligencia exterior y segundo en la jerarquía de la entidad germana.

Para la secreta organización, la figura del entonces senador Salvador Allende Gossens era un "blanco de atención", principalmente porque éste buscaba ampliar sus contactos en la URSS y mantenía una activa agenda de viajes internacionales, que en 1968 lo llevaron a Corea del Norte y Vietnam del Norte.

"Allende creía que la RDA le proporcionaría apoyo económico. Por ello, después de visitar Corea del Norte y Vietnam se reunió con Hermann Axen, el segundo al mando después de Honecker y que dentro del Comité Central del SED era el encargado de la Relaciones Internacionales y del apoyo a organizaciones amigas en el exterior. Ambos se agradaron bastante, y hasta cenaron juntos, saliéndose de la agenda", señala un diplomático chileno que vivió en la RDA.

Cuando Allende fue elegido presidente de Chile, el régimen de Alemania Oriental observó que la seguridad del Mandatario era deficiente. "A través del embajador alemán oriental, Harry Spindler, Axen ofreció a Allende el apoyo de la Stasi para entrenar en forma secreta a personal de su máxima confianza en La Moneda, el GAP y el MIR, en la RDA o en Chile, y la oferta se aceptó, por supuesto", señala un militante del PS entrenado en Berlín Oriental.

Concuerda con esta versión el coronel Reiner Wiegand, un ex agente de la Stasi que fue entrevistado en el libro "DDR Unrecht Spionage", de Klaus Maxwell. "En 1971, una docena de especialistas en operaciones encubiertas y la guerra de guerrillas fueron enviados a Santiago bajo cobertura diplomática. A ellos se unieron diversos agentes del bloque oriental, incluidos los oficiales de Checoslovaquia, quienes instalaron un campamento de entrenamiento para un servicio de protección presidencial cerca de Valparaíso, con tecnología soviética de seguridad, un campo de tiro, armas y cabañas prefabricadas". El coronel Reiner Wiegand, hombre de confianza de Wolf, fue quien personalmente escogió a los instructores para viajar a Chile. Wiegand caería posteriormente en desgracia al desertar al Este y asilarse en Portugal. En 1996 murió en un "extraño accidente de tránsito" en Lisboa, justo antes de declarar por el atentado contra la discoteca berlinesa oriental La Belle, en el que murieron varios marines estadounidenses en 1986.

Hermann Axen, quien en Chile conocía a Volodia Teitelboim, no sólo compartía con Erich Honecker la membresía en el Comité Central del SED, sino también el hecho de haber sido condenados a tres años de prisión por un tribunal nazi por "preparación para la alta traición comunista". No obstante, Axen había sido encarcelado por la Gestapo en Auschwitz, donde estuvo a punto de morir. Como arquitecto de la política exterior de Honecker, allanó el camino para que Salvador Allende visitara Berlín Oeste, y en coordinación con Erick Mielke, el director de la Stasi, organizó la Conferencia Socialista de 1975 en Helsinki, Finlandia, donde la RDA reunió a dirigentes de izquierda de todo el orbe, entre ellos a varios exiliados chilenos de Berlín Oriental, como Carlos Altamirano y Enrique Correa.

En septiembre de 1973, la mayoría de los efectivos de la Stasi en Chile escaparon a Argentina, aunque quedó en Chile un pequeño grupo de agentes con pasaportes falsos de las más diversas nacionalidades europeas. Fue este pequeño grupo el que comenzó a evacuar del país a los dirigentes del gobierno de Allende que Honecker consideraba más relevantes.

Almeyda y Altamirano

"La prioridad era sacar a Clodomiro Almeyda, ex ministro de Relaciones Exteriores, y al secretario general del Partido Socialista de Chile, Carlos Altamirano. También se buscó asilo en distintas embajadas europeas para socialistas menos conocidos, y a otros se los sacó por barco o por la cordillera. Se sacó, además, al yerno de Honecker, Leonardo Yáñez, quien estaba casado con su hija Sonja", señala una fuente entrenada en la RDA. Sonja Honecker actualmente trabaja en Chile en una ONG, bajo otra identidad. Entre septiembre y diciembre, Carlos Altamirano recorrió escondites en distintos sectores de la capital, siempre con el cabello teñido rubio. Al iniciar la clandestinidad, Erich Honecker ordenó a Erick Mielke, el director de la Stasi, la operación de rescate de "Roberto", chapa de Altamirano, junto con un grupo del PS.

Tras el golpe de Estado, tres agentes de la Stasi destinados en Chile fueron obligados a mantenerse en el país para recibir apoyo exterior y coordinar las operaciones de rescate. Uno de ellos era el diplomático alemán oriental que trabajaba bajo el nombre de Paul Ruschin, quien se encargó de conseguir asilo político a decenas de militantes de la UP.

A fines de diciembre, tras haber cruzado la Cordillera escondido en el doble fondo de la maleta de un auto (aunque otras versiones señalan que salió disfrazado de arriero) y salir desde Buenos Aires con un pasaporte falso elaborado por la Stasi, Altamirano aterrizó en el aeropuerto de La Habana, donde permaneció algunas semanas antes de partir a la RDA. "Altamirano pensaba quedarse en Cuba por más tiempo, pero sus relaciones con los Castro no eran buenas. Él creía que una resistencia armada en Chile era imposible, mientras que los cubanos sí defendían esa postura en toda América Latina, aunque había sido artificialmente inflada por ellos y también como una forma de propaganda", afirma un ex militante del PC que también recibió entrenamiento en la RDA. Después Altamirano emprendió vuelo hacia el exilio en la RDA. El secretario general del PS ocupó un moderno departamento y tenía automóvil con chofer, y la Stasi le había confeccionado un plan de protección.

La Stasi también jugó un rol en el canje de Luis Corvalán, secretario general del PC, detenido en la Isla Dawson, por el disidente ruso detenido en Moscú, Vladimir Bukovsky, un escritor que había sido confinado en un hospital psiquiátrico.

En 1974, Paul Ruschin había hallado la cobertura perfecta para un jefe de operaciones especiales. Con documentación falsa ingresó a trabajar como estafeta a la embajada de Finlandia en Santiago. Desde ese puesto coordinó el viaje a Chile del jurista finlandés y experto en derechos humanos del Ministerio de Justicia de Helsinski, Hans Goeran Frank, para visitar a Luis Corvalán, quien estaba detenido en la Isla Dawson.

Luego de esa visita, Nathaniel Davis, el entonces embajador de EE.UU. en Chile en 1975, condujo las negociaciones finales para el intercambio, que fueron seguidas de cerca por los hombres que Markus Wolf mantenía en Chile. "Fue la primera ocasión en la historia en que los soviéticos intercambiaron presos políticos con un régimen como el de Pinochet", relata una fuente diplomática.

Tras la liberación de Corvalán, la cúpula de la Stasi celebró y Mielke condecoró al jefe de la operación, según consta en un archivo desclasificado de la Stasi, que data de 1976. Según el documento, "Mielke escribió un mensaje a todos los departamentos de la Stasi el 18 de diciembre de 1976: 'Los congratulo por la acogida en la RDA con entusiasmo y felicidad, por la gran victoria del movimiento de solidaridad internacional por haber obtenido la libertad del secretario general del Partido Comunista, nuestro amigo y compañero Luis Corvalán, quien había sido encarcelado en Chile".

El texto decía, además, que el KGB soviético había utilizado "algunas medidas especiales" y obligó a la Junta Militar chilena a dar a Corvalán su libertad.
El día en que la Stasi espió a la DINA

En 1975, el grupo de la Stasi en Santiago informó sobre el viaje de Augusto Pinochet a España al funeral de Francisco Franco, donde a juicio de los agentes éste pretendía mantener reuniones secretas con militantes conservadores de Europa, principalmente italianos. Entonces, detener a los enlaces de la DINA en Alemania Occidental se transformó en una obsesión para el director de la Stasi, Erick Mielke, quien ordenó analizar su infiltración y la neutralización de enlaces encubiertos en Europa. "Se recomienda observar y controlar el contacto personal de los chilenos con sus amigos que viven en el exterior capitalista para evitar oportunidades de la extrema derecha, y evitar que los servicios secretos espíen el quehacer de la RDA. Se recomienda ser muy cuidadoso con el servicio secreto de la Junta Militar (DINA)", señala un informe desclasificado de la Stasi. El documento finalmente acota: "Se cree que el responsable máximo de la organización de la DINA en Europa es el embajador en España, Oberst Ewing".


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Re: historias de espionaje en latinoamerica

Mensaje por salmon profugo el Dom 22 Nov - 14:21

nota de la tercera de hoy,,,,,,,,,,,,,

Justicia argentina investiga si la AMIA fue víctima espionaje antes de atentado

El caso de espionaje que sacude el gobierno de la ciudad de Buenos Aires, investiga porqué uno de los procesados efectuó reiterativas llamadas a la mutual.



La Justicia argentina investiga si la mutualista judía, que sufrió un cruento atentado terrorista en 1994, también fue blanco de la trama de espionaje tejida en torno a la nueva Policía de la ciudad de Buenos Aires, informó hoy la prensa local.

El ex policía Ciro James, procesado por supuesto espionaje, realizó varios llamados a la Asociación Mutual Israelí Argentina (AMIA), cuya sede fue destruida en un atentado en el que murieron 85 personas.

Según fuentes judiciales citadas hoy por diarios de Buenos Aires, la Justicia busca determinar si estas llamadas fueron un intento de James por intervenir las líneas telefónicas de la entidad social más representativa de la colectividad judía argentina.

El fiscal general del caso AMIA, Alberto Nisman, detectó una secuencia de comunicaciones desde el móvil de James hacia el conmutador de la entidad. El juez Norberto Oyarbide, a cargo de la causa por espionaje, recibió la información remitida por Nisman y prepara medidas de prueba.

TRAMA DE ESPIONAJE
La trama por espionaje, que sacudió los cimientos del gobierno de la ciudad de Buenos Aires, alcanza como supuestas víctimas a políticos, empresarios, periodistas y hasta un cuñado del alcalde porteño, Mauricio Macri,

James era aspirante a ingresar al recientemente creado cuerpo de Policía Metropolitana de Buenos Aires, cuyo primer jefe fue Jorge "Fino" Palacios, antes integrante de la Policía Federal, de alcance nacional.

Palacios, que dejó su cargo en la fuerza de seguridad porteña en medio de una fuerte polémica, fue procesado por encubrimiento en la investigación del atentado contra la AMIA.

El "Fino" Palacios quedó preso el pasado martes, acusado de participar en la intervención del teléfono móvil de Sergio Burstein, uno de los familiares de las víctimas del atentado contra la AMIA.

En declaraciones a la Agencia Judía de Noticias, el presidente de la AMIA, Guillermo Borger, expresó hoy "su enorme preocupación y sorpresa" ante las fuertes sospechas del fiscal Nisman sobre espionaje a esta entidad judía.

Borger señaló que está a "la espera de una notificación formal por parte del juez para seguir de cerca el desarrollo judicial de las escuchas a la AMIA".

Palacios admitió que conocía a James, ex agente de inteligencia de la Policía Federal y ex empleado del Ministerio de Educación porteño, quien ahora está preso.

En diversas entrevistas publicadas hoy por la prensa local, Mauricio Macri reconoció que fue un "error" haber designado a Palacios al frente de la nueva Policía de la capital argentina, pero aseguró que su gobierno no ordenó ningún tipo de escuchas telefónicas.

"No pensamos que nos iban a obstaculizar de este modo. En ese momento cometimos un error; subestimamos el nivel de conflicto que nos podía traer nombrar un nombre con una trayectoria tan extendida y probada como (Jorge) Palacios, por sus conflictos personales dentro y fuera de la fuerza. Eso lo subestimamos", dijo Macri.

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Re: historias de espionaje en latinoamerica

Mensaje por Gerardo el Lun 23 Nov - 18:29

Muy oportuno este tema Very Happy
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Re: historias de espionaje en latinoamerica

Mensaje por salmon profugo el Mar 24 Nov - 15:23

gerardo puedes postear,,, algunas notas de espionaje de venezuela,,,,,,,

Los pasos del Mossad en Chile: Desde el exocet a las uvas envenenadas


Silencioso por sobre todo, el Mossad, el servicio de inteligencia exterior de Israel, ha dejado pocas pero profundas huellas en la historia chilena. Pese a que el país no es un centro de operaciones para Israel ni figura dentro de sus principales preocupaciones, sí está permanentemente al tanto de lo que aquí ocurre.

por Carlos Basso Prieto, La Huella, 2001.

Esta nota, por ejemplo, pasará a formar parte de los dossiers de prensa que periódicamente recolecta el encargado militar de la Embajada en Santiago, que si bien no es un integrante del Mossad, generalmente es un experto en inteligencia (hay más de siete agencias de inteligencia en Israel).

Miembros del Mossad, de hecho, no hay en Chile, pues sus agentes operativos -los llamados "katzas"- no son más de 40. Son entrenados durante dos años en Tel Aviv y luego quedan a disposición de su servicio para ejecutar funciones en cualquier parte del mundo, aunque estas generalmente se han concentrado en Medio Oriente y Europa.

Pese a estos números aparentemente pobres, en realidad el Mossad cuenta con cientos de miles de ayudistas -en la jerga de la inteligencia chilena- que son conocidos como "sayanin". Se trata de judíos residentes en distintos países, los cuales proporcionan auxilio en lo que sea: dinero, la obtención de documentos, vehículos o cualquier elemento necesario para una operación. Son cerca de una docena de "sayanin" los que se estima que el Mossad tiene en forma activa el Mossad en Chile y son ellos quienes periódicamente envían informes a la embajada capitalina, básicamente sobre actividades neo nazis y pro palestinas, así como de actualidad política nacional.

Uno de los puntos permanentes de mirada de los “sayanin” locales, así como de las autoridades de la embajada de Santiago, son los movimientos de simpatizantes del movimiento shiíta Hezbolláh, cuyos nexos en Iquique recién se están haciendo públicos, pero que son conocidos hace mucho tiempo.

Tampoco es para nadie un misterio que tienen una atención permanente sobre las actividades de la embajada de Irán en Santiago, sobre todo luego de que en 1992 se produjera el atentado explosivo que destruyó la embajada de Israel en Buenos Aires, cuando 8 diplomáticos iraníes estacionados en Argentina fueron trasladados a Chile, luego de lo cual se les perdió el rastro. Actualmente, esos diplomáticos son los principales sospechosos del atentado, lo que se confirmó cuando un tiempo después de éste, en un discurso televisado el ayatola Ali Akbar Meshkeni calificara como un acto “positivo” el bombazo, que dejó 24 muertos, el cual dijo –equivocadamente, toquemos madera- había sido cometido en Chile.

Los “sayanin” locales se encuentran repartidos entre las comunidades judías de Santiago, Concepción y Valparaíso y pese a que ninguno de ellos ha actuado operativamente, es bien sabido en los círculos locales que cuentan con cierto grado de instrucción en combate e inteligencia. Debido a la formación casi militar de quienes participan en actividades pro sionistas, cuando requieren cobertura de seguridad para sus actos –por ejemplo, la celebración del día de Yom Kippur- generalmente se relacionan con la Dipolcar de Carabineros, en detrimento de Investigaciones.

El Mossad puso su atención en Sudamérica a fines de los años 50, cuando además de su preocupación por el tema palestino, estaba la caza de criminales nazis. Famosa es la historia de Adolf Eichmann, secuestrado en Buenos Aires en 1960 por un comando del Mossad (y luego ejecutado en Israel), así como la persecución que este servicio realizó durante varios años en contra de Joseph Mengele, infructuosamente.

Menos conocida, sin embargo, es la actuación del Mossad en el Gobierno Militar. Víctor Ostrovsky, un "katza" que desertó a principios de los años 80, asegura que a fines de 1975 la inteligencia naval de Israel averiguó que Egipto había comprado misiles Exocet.

Como sabían que Francia no se los vendería -porque los copiarían- los israelíes decidieron buscar afuera alguien que les vendiera la cabeza de un misil, y así saber a qué se estaban enfrentando.
De este modo, se efectuó un estudio de los países que estarían en condiciones de hacer el negocio... y se eligió a Chile. Para ello, uno de los más altos agentes del Mossad, Nahum Admony, negoció personalmente con Manuel Contreras la adquisición de una cabeza de Exocet. A cambio de ella, un grupo selecto de oficiales y suboficiales de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) recibió adiestramiento de elite de parte de las fuerzas de seguridad israelíes.

De hecho, pese a cualquier cosa que se pudiera pensar, las relaciones entre el Gobierno Militar y el país judío siempre fueron al menos nominalmente buenas. Cuando se produjo la desaparición del judío norteamericano (nacido en Rusia) Boris Weisfeiler, quien se perdió en las cercanías de San Fabián de Alico, en 1985, muchos apostaron -y siguen haciéndolo- a que se trataba de un agente del Mossad siguiendo la pista de algunos criminales de guerra nazi, sujetos que a esas alturas de la historia la verdad es que no eran precisamente una preocupación para el dicha agencia.

“Katza” no pudo haber sido, pues nunca estuvo en Israel para recibir el adiestramiento requerido, aunque sí es probable que fuera un “sayanín”. Pese a ello, su hermana Olga lo niega rotundamente y se basa en hechos, como que no era un judío practicante, para asegurar que eso es imposible y que sólo se trataba de un doctor en matemáticas al cual le gustaba excursionar solo y en lugares apartados.

Como fuera, tras su desaparición el Mossad efectuó una serie de discretas averiguaciones. Según el periodista chileno Osvaldo Muray, un oficial de ese servicio incluso se reunió con los líderes de las Colonia Dignidad, quienes le aseguraron que no tenían nada que ver. Si bien lo anterior puede sonar ilógico, no es fácil olvidar que los colonos se presentan a sí mismos como perseguidos de la guerra y fotos de Ana Frank adornan las paredes del casino que poseen en la comuna de Bulnes, en la Octava Región. De hecho, los germanos se jactan de haber mantenido excelentes relaciones con el famoso cazanazis Simón Wiesenthal. Curioso, al menos, porque fue él mismo quien aseguró en 1980 que en la colonia se escondía nada menos que Mengele (lo que posteriormente negó haber dicho al prestigioso diario The Washington Post, que había publicado sus declaraciones).

Sean ciertas o no las relaciones de los habitantes del enclave con la inteligencia israelí, uno hecho que reafirma las buenas relaciones entre las inteligencias chilena y judía en esos años es que cuando un suboficial del Ejército anónimo llegó al consulado de Estados Unidos en 1986, denunciando que Weisfeiler había sido secuestrado por una patrulla del Ejército que prestaba cobertura de seguridad a la colonia (según él, Schäfer y sus huestes staban esperando allí a Joseph Mengele y tomaron al extranjero por un espía del Mossad), el informante comentó que ante ello pensó ir a la Embajada de Israel, pero que luego prefirió no hacerlo debido a las buenas relaciones entre esa repartición y la desaparecida Central Nacional de Informaciones.

LAS UVAS ENVENENADAS

Uno de los personajes más polémicos de la historia del Mossad ha sido Ari Ben Menashe, un alto oficial de esa entidad que estuvo 11 meses preso por su participación en el escándalo Irán-Contras, en el cual actuó vendiendo armas a diestra y siniestra junto al coronel norteamericano Oliver North.

Según relata Gordon Thomas en su libro “Los espías de Gideon” (traducido al español como “Mossad”), uno de los implicados en el caso Irán-Contras fue Amiram Nir, asesor del primer ministro en antiterrorismo. Este falleció en un extraño accidente de aviación acaecido luego que Ben Menashe lo visitara en Londres en 1988, para preguntarle qué iba a decir cuando fuera llamado a declarar en el juicio contra North.

La respuesta de Nir fue que comprometería seriamente a Israel en el escándalo, así como a los gobiernos de Sudáfrica y Chile. Tras ello, el 30 de noviembre de 1988, Nir viajó a México, donde representaba una firma productora de paltas. El avión se accidentó y él falleció.

El 1 de diciembre, es decir dos días después, Thomas cuenta que “Ari Ben Menashe salía de una oficina de correos en el centro de Santiago de Chile. Iba acompañado por dos guardaespaldas, que ahora consideraba necesarios para su protección. De repente, ’la vitrina que acababa de pasar se hizo trizas. Luego algo se incrustó en el maletín metálico que llevaba. Los dos guardaespaldas y yo nos echamos cuerpo a tierra al darnos cuenta de que alguien nos disparaba”.

Thomas, un periodista preocupado de Bin Laden, el terrorismo nuclear y otras cosas por el estilo, no arroja mayores luces sobre el asunto en el libro. Ben Menashe, ahora un exitoso asesor en materias de seguridad radicado en Canadá, contactado por este medio, simplemente no contestó las preguntas que se le formularon, la más obvia e intrigante de las cuales es qué hacía en Santiago.

Un esbozo de respuesta, sin embargo, lo aportó él mismo en su libro “Ganancias de guerra: al interior de la red de armas Israel-Estados Unidos”.

En uno de sus capítulos, relata que tras la derrota de Pinochet en el plebiscito del 5 de octubre de 1988, se agudizaron las diferencias entre el ahora desaforado senador y el general Fernando Matthei, el primer integrante de la junta en reconocer el triunfo del “No”. Uno de los de motivos de las diferencias –asegura- es que Matthei estaba empeñado en detener lo que llama “tráfico de armas no convencionales y químicas” a Irak. Bien es sabido que Carlos Cardoen vendió bombas de racimo a Saddam Hussein en los años 80, justo cuando Estados Unidos proveía de todo tipo de armas a quien luego sería su bestia negra en los años 90. Mucho se ha rumoreado además sobre el tema de las armas químicas, pero ello ha sido desmentido en todos los tonos (lo que no significa, por supuesto, que sea falso).

De acuerdo a la versión de Ben Menashe, él también estaba intentado lo mismo, debido al peligro que Irak significaba para su país, lo que enfureció a la CIA, deleitada con el comercio con su entonces socio (calidad que en menos de un año cambió en 180 grados). Debido a ello, el ex agente del Mossad culpa al entonces director de la CIA, Robert Gates, de haber planificado el envenenamiento de las uvas chilenas en el puerto de Filadelfia, en 1989, lo que significó pérdidas por 800 millones de dólares al país, debido a la prohibición de exportar. Esta restricción, asegura Ben Menashe, sólo se levantó una vez que Matthei –históricamente ligado a los agricultores y lejos la figura más moderada de la Junta de Gobierno- perdió todas sus influencias.


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