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IDENTIFICACIÓN DE LOS RESTOS Y POSIBLES CAUSAS DE LA MUERTE DE EL LIBERTADOR SIMÓN BOLÍVAR:(DATOS HISTÓRICOS)

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IDENTIFICACIÓN DE LOS RESTOS Y POSIBLES CAUSAS DE LA MUERTE DE EL LIBERTADOR SIMÓN BOLÍVAR:(DATOS HISTÓRICOS)

Mensaje por AILLO el Dom 29 Ene - 16:54

IDENTIFICACIÓN DE LOS RESTOS Y POSIBLES CAUSAS DE LA MUERTE DE EL LIBERTADOR SIMÓN BOLÍVAR:(DATOS HISTÓRICOS)

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El presente ensayo, pretende difundir una buena parte de los datos históricos referentes, a las diversas hipótesis que se han elaborado respecto a la identidad de los restos mortales y posibles causas de la muerte de El Libertador y Padre de la Patria General Simón Bolívar. Deseamos combatir con ello, las interpretaciones fantasiosas y novelescas, que tratando de revestirse de un barniz histórico, provocan más confusión que luces sobre el asunto, y parecen acercarse más a las interesadas campañas publicitarias de “lobys” cinematográficos o editoriales para vender, muy al estilo del “Código Da Vinci” y yerbas por el estilo.
Cronología del regreso de los restos del Padre de la Patria Simón Bolívar a Venezuela.
- 10 de Diciembre de 1830.
Simón Bolívar señala en su testamento. “Es mi voluntad: que después de mi fallecimiento, mis restos sean depositados en la ciudad de Caracas, mi país natal”.
- 17 de Diciembre de 1830.
Muere Simón Bolívar en la quinta de San Pedro Alejandrino en Santa Marta, Colombia. La autopsia es realizada por el doctor Alejandro Prospero Reverend.
- 20 de Diciembre de 1830.
El Libertador es enterrado en la Catedral de Santa Marta en el panteón propiedad de la familia Díaz Granados.
- 24 de Mayo de 1834.
Un fuerte temblor daña el sepulcro donde se encontraban los restos del Libertador. Ante el peligro de que fueran profanados, el juez político, Manuel Ujueta, traslada los restos hasta su casa situada en la calle Grande, conservándolos hasta que la bóveda fue restaurada. Los restos son sepultados nuevamente el 29 de Mayo.
- 24 de Julio de 1839.
Los restos del Libertador son trasladados hasta un lugar más destacado de la catedral de Santa Marta – al pie del altar mayor – y es colocada una lápida de mármol mandada a hacer por el capitán Joaquín Márquez, con la inscripción: “Bolívar Libertador de Colombia y Perú y Fundador de Bolivia.
Dedícale este pequeño Tributo un Oficial del Batallón Rifles 1º de la Guardia. – J.A. Márquez”.
- 29 de Abril de 1842.
El gobierno de Venezuela decide finalmente solicitar al gobierno de Colombia el traslado de los restos del Libertador y se publica el primer Decreto Sobre Honores ala Memoria del Libertador Simón Bolívar.
- 12 de Mayo de 1842.
El presidente José Antonio Páez emite el segundo decreto que reglamentaba el acto del traslado de los restos del Libertador. Allí se crea la comisión venezolana responsable para tal fin. Integrada por José María Vargas, como presidente, José María Carreño, Mariano Ustáriz y Manuel Cipriano Sánchez. Ángel Quintero como secretario del interior, se encargará de los preparativos de la ceremonia, mientras Agustín Codazzi de la adquisición de los objetos y alegorías que serian usadas para el acto.
- Primeros días de Noviembre de 1842.
Los integrantes de la comisión venezolana encargada del traslado zarpan de La Guaira y se dirigen a Colombia en el navío francés Circe, acompañados por las fragatas venezolanas Constitución y Caracas.
- 18 de Noviembre de 1842.
Rafael Urdaneta y Agustín Codazzi habían partido para Europa con el encargo de comprar los pertrechos para el cortejo fúnebre que se utilizarían para la ceremonia, llevaban 5.000 pesos del erario público. El 18 de Noviembre de 1842 llegan al puerto de La Guaira 32 bultos de mercancías adquiridas en Francia para la celebración.
- 20 de Noviembre de 1842.
Las comisiones de Colombia y Venezuela acuerdan realizar la exhumación este día. A las cuatro de la tarde, las campanas de la Iglesia anunciaron que la ceremonia iba a comenzar. Estaban presentes, la comisión colombiana presidida por el general Joaquín Posada Gutiérrez e integrada por el obispo doctor Luis José Serrano y el señor Joaquín de Mier; por la comisión venezolana fueron invitados el doctor Alejandro Prospero Reverend y Manuel Ujueta. Ellos identificaron el cuerpo y la comisión neogranadina pidió que le otorgasen el cofre con el corazón de Bolívar, lo cual les fue concedido.
- 21 de Noviembre de 1842.
La batería del puerto y los buques hicieron un tiro de cañón cada cierto tiempo hasta que se ocultó el sol. Se celebró una misa y, a las cuatro de la tarde, marineros venezolanos trasladaron los restos desde el puerto hasta la nave Constitución.
- 22 de Noviembre de 1842.
Las naves parten rumbo a Venezuela a las 10 de la mañana. En el puerto una gran cantidad de personas despidieron las embarcaciones agitando sus sombreros y pañuelos.
- 15 de Diciembre de 1842.
Llegan los restos del Libertador al puerto de La Guaira, mientras el pueblo se esmera en embellecer la plaza con ramos de palma, pintan las casas y montan el luto. Los barcos llevaban dos días iluminados y fondeados en la costa.
- 16 de Diciembre de 1842.
Comienza el traslado de los restos del Libertador hacia la ciudad de Caracas. En el camino por el Ávila, posadas y casas son ornamentadas con una multiplicidad de especies de flores nativas de la zona. A las cuatro de la tarde, el féretro se encuentra en las puertas de Caracas, luego es llevado a la Iglesia de la Santísima Trinidad, hoy Panteón Nacional.
- 17 de Diciembre de 1842.
A las diez d la mañana comienza el desfile de los restos del Libertador, los cueles son colocados en el carruaje traído por Agustín Codazzi; a las doce del mediodía llega a la Iglesia de San Francisco.
- 23 de Diciembre de 1842.
Los restos del Libertador Simón Bolívar son trasladados a la Catedral de Caracas y puestos en el panteón de la familia Bolívar.
- Febrero de 1843.
El gobierno ordena que los restos sean clasificados y tratados para su mejor conservación. Se designa como responsable para tal fin al doctor José María Vargas.
- 15 de Marzo de 1843.
Los restos vuelven al panteón familiar.
- 28 de Octubre de 1852.
El monumento realizado por el escultor italiano Pietro Tenerani, es erigido en la capilla de la familia Bolívar en la Catedral de Caracas, y los restos del Libertador Simón Bolívar son reubicados bajo la obra.
- 28 de Octubre de 1876.
Los restos del Libertador en su urna de plomo son colocados dentro de un sarcófago de madera revestido de plata y oro, elaborado por el escultor francés Emile Jaquin. Posteriormente son trasladados a la Iglesia de la Santísima Trinidad de Caracas, conocida desde el 27 de Marzo de 1874 como Panteón Nacional.
- 12 de Diciembre de 1930.
El ataúd de plomo donde reposan los restos del Libertador Simón Bolívar es colocado ahora en una urna de bronce, encargada por el gobierno de Juan Vicente Gómez al escultor español Chicharro Gamo; fue ubicada en el mismo lugar donde reposan hoy en el Panteón Nacional.

Historia de los distintos intentos por clarificar la autenticidad de los restos del Padre de la Patria.

Luego del reconocimiento ocular realizado a los restos del Libertador Simón Bolívar, efectuado por los señores Manuel Ujueta y doctor Alejandro Prospero Reverend, el día de su exhumación en la Catedral de Santa Marta en 1842, el debate sobre la autenticidad de los mismos no se volvió a abrir hasta tiempos modernos. Ello seguramente, por la calidad de los testigos antes mencionados, quienes habían asistido y presenciado los últimos días y exequias fúnebres del héroe en 1830; particularmente, el doctor Reverend había sido su último médico de cabecera y fue el único patólogo que preparó y realizó su autopsia.
No será sino hasta el 8 de Enero de de 1947, que luego de una inspección realizada en la cripta del panteón familiar de la familia Bolívar en la Catedral de Caracas, que el doctor José Izquierdo, luego de encontrar un cráneo que, dadas las evidencias forenses, podría pertenecer al Libertador generó una polémica sobre el paradero y autenticidad de los restos del héroe. Tal debate llegó hasta los integrantes del Congreso Nacional de la época, ordenándose para aclarar los hechos la apertura del sarcófago de bronce que contenía la urna de plomo en el Panteón Nacional. La comisión nombrada al efecto, abrió el sarcófago y realizo una inspección ocular a la urna de plomo para verificar si había sido violentada en el pasado, no encontrando evidencias del hecho; además, declaró que por medio del método de percusión - efectuado sin abrir dicha urna de plomo - , se comprobó que contenía los restos del que se supone era el Libertador Simón Bolívar, por lo que se terminó por desestimar las hipótesis del doctor José Izquierdo.
Posteriormente, el día 28 de Diciembre de 1972, el presidente de la República para el momento, Dr. Rafael Caldera, encabeza una segunda inspección ocular a la urna que resguarda los restos, no detectándose señal alguna de deterioro o profanación, limitándose tan solo, a sustituir el pabellón Nacional que cubría dicha urna desde 1930, por una nueva.
A finales del año 2009, la polémica sobre el asunto Izquierdo, las dudas sobre la autenticidad de los restos y sobre las verdaderas causas de la muerte del padre de la Patria llegan a instancias del poder Ejecutivo Nacional, propiciando el pronunciamiento del propio presidente de la República Comandante Hugo Chávez, quien concluye que la única manera de zanjar el asunto es realizando una nueva exhumación de los restos del héroe, con el fin de realizarle los estudios históricos, forenses, antropológicos, odontológicos y genéticos con las tecnologías más modernas, que permitieran arrojar luces definitivas sobre tal debate. El día 28 de Enero de 2010, se oficializa en la Gaceta Oficial de la República Bolivariana de Venezuela, el decreto nº 5.833, mediante el cual se crea, con carácter temporal, la Comisión Presidencial que tendrá por objeto la planificación y activación del proceso de investigación científica e histórica, sobre los acontecimientos relacionados con el fallecimiento del Libertador Simón Bolívar y el traslado a la Nación de sus restos mortales.
A mediados de julio de 2011, el Vicepresidente de la República Elías Jáua dio a conocer que entre las conclusiones preliminares de tales estudios se determinó, cito: “Se corroboró sin ningún dato discordante, que la cadena de custodia histórica y científica de los restos óseos que se encontraron en el sarcófago custodiado no fue interrumpida en ningún momento”.
Y se concluyó por diversas vías científicas, que tales restos son, sin lugar a dudas, los del Libertador Simón Bolívar.

Las tres Exhumaciones realizadas a los restos del Libertador Simón Bolívar.
Desde la luctuosa fecha de 20 de diciembre de 1830, en la cual se deposita en la Catedral de Santa Marta el cuerpo del Libertador Simón Bolívar, éste ha sido exhumado en tres oportunidades diferentes.
La primera, con motivo de la repatriación de sus restos a Venezuela en 1842, y de la cual se rinde cuenta en la siguiente acta: “ En la ciudad de Santa Marta, a veinte de noviembre de mil ochocientos cuarenta y dos, hallándose presentes los señores Gobernadores de la provincia, Joaquín Posada Gutiérrez, Presidente de la Comisión nombrada por la Nueva Granada para la entrega de las cenizas del Libertador, Ilmo. Sr. Obispo de la Diócesis, Doctor Luis José Serrano, Joaquín Mier, y Benítez que son los otros dos comisionados granadinos, y los señores comisionados de Venezuela, Doctor José Vargas, General José María Carreño y Mariano Uztáriz; y el prebendado señor Manuel Cipriano Sánchez que funciona de gran capellán en esta comisión; los señores jefe político, juez letrado de hacienda, y miembros del Concejo Municipal; los señores Cónsules extranjeros, inglés, francés y norteamericano; el señor Comandante y oficialidad de la goleta venezolana de guerra “Constitución”; los señores Comandantes y oficiales de los tres buques de guerra extranjeros, francés, inglés y holandés; los señores Comandante general de este Departamento, mayor de plaza, estado mayor y demás oficiales de la guarnición; todas las autoridades, empleados públicos y demás vecinos y señoras de la ciudad, el señor Gobernador declaró en alta voz que cumpliendo con el decreto del Gobierno Supremo de la Nueva Granada, fecha 4 de agosto último, se procedía a la exhumación de los restos venerables del Libertador Simón Bolívar; y de acuerdo con los señores Comisionados de Venezuela se levantó una losa de mármol que cubría una bóveda situada en la parte superior de la nave mayor, cerca de las gradas del presbiterio, y en cuyo fondo se halló una caja forrada en hoja de plomo; y extraída que fue abierta, se hallaron los restos de un cadáver que por todas las señales siguientes, era el mismo idéntico del General Bolívar.
El cráneo estaba aserrado horizontalmente y las costillas por ambos lados cortados con oblicuidad como para examinar el pecho; los huesos de las piernas y pies estaban cubiertos con botas de campaña, la derecha todavía entera, la izquierda despedazada y sólo conservada en su parte inferior; pedazos de galón decaídos se hallaban a los lados de los muslos, y listas de color verde de cobre oxidado, formaban líneas paralelas a estos huesos: los señores doctor Alejandro Próspero Reverend y Manuel Ujeta que asistieron ambos tanto a la preparación del cadáver después de la muerte como a su traslación a la bóveda de los señores Granados, situado en la parte superior de la nave derecha delante del altar de San José a la que actualmente ocupa, el primero como médico que preparó el cadáver, el segundo como una de las personas que asistieron a esta preparación y a su sepultura, preguntados por el señor Gobernador acerca de la identidad de los restos del cadáver que tenían presente, con el del General Bolívar, contestaron que era el mismo idéntico. Por último, a todas estas pruebas de identidad se agrega la de que en estos años anteriores ningún cadáver ha sido ni podido ser enterrado en una u otra bóveda.
Verificada esta identidad, el señor Gobernador y demás señores Comisionados mandaron que, separando la tapa y lados de madera de la caja y recortando una pequeña parte de los extremos del fondo, se cubriesen tanto éste como los restos del cadáver sin sufrir alteración alguna con los lados de la caja externa de plomo; y en esta forma se depositaron en la urna enviada por el Gobierno de la Nueva Granada, que cubierta con su tapa, fue colocada en el catafalco en donde debe permanecer toda esta noche y día de mañana en que se celebran las funciones fúnebres, previas a la entrega que tendrá lugar a las seis de la tarde del mismo día de mañana.
Con lo cual se concluyó el acto de la exhumación que firman por duplicado los señores Gobernador y Comisionados de la Nueva Granada y Venezuela, junto con los señores Doctor Reverend y Manuel Ujeta, que asistieron a él, por ante mi el Secretario que certifico.
Joaquín Posada Gutiérrez. – Luis José, Obispo de Santa Marta. – Joaquín de Mier. – José Vargas. – José María Carreño. – Mariano Uztáriz. – Manuel Ujeta. – A.P. Reverend. – El Secretario de la Gobernación Francisco Robles.”
Copiado de José Vargas, Obras Completas, volumen VI, Caracas 1965, pp. 363-364.
La segunda exhumación, fue realizada en la Catedral de Caracas donde habían sido sepultados el 23 de diciembre de 1842 en la bóveda de la familia Bolívar, luego de su triunfal traslado desde la ciudad de Santa Marta ese mismo año. En esta ocasión, el objetivo era tratar sus restos mortales con miras a su conservación para la posteridad; lo que seria encargado al eminente doctor José Vargas:
“Caracas, 30 de Enero de 1843.
Señor Secretario de Estado en el Despacho de lo Interior.
Señor.
He recibido el oficio de VS. Con fecha de 18 del corriente encargándome de ponerme de acuerdo con mis colegas de la Comisión de traslación y con los miembros de la encargada de los preparativos del funeral de los restos del Libertador, y proceda a hacer las operaciones necesarias para la mejor preservación de estos restos venerables.
Debo informar a VS. Que aunque el esqueleto está cabal, los más de los huesos por efecto de la humedad y la muy impropia operación de conservación inmediatamente después de la muerte, están ya negros y decaídos hasta el grado de deleznarse entre los dedos al asirlos. La operación de barnizarlos de modo que se conserven mejor sólo pueden hacerse respecto del cráneo y los huesos largos de los miembros. Los demás serán separados de la tierra y demás horruras que serán relegadas a otra caja larga que pueda contenerse dentro de la misma urna; y quedarán como se hallan en sus respectivas posiciones del esqueleto.
Si esta medida merece la aprobación del Gobierno procederé desde luego a desempeñar el cargo con que el Gobierno me honra.
Soy de VS. Atento servidor.
José Vargas.”
José Vargas, Ob. cit., p. 373.
El siguiente informe, redactado por el mismo doctor Vargas, explica con detalle el tratamiento efectuado a la osamenta del Libertador:
“REPÚBLICA DE VENEZUELA.
Año 14º de la Ley y 33º de la independencia.
Caracas, 15 de marzo de 1843.
Señor Secretario de Estado en el Despacho de lo Interior.
La Comisión encargada por el Gobierno de preservar de la completa destrucción la parte de los restos venerados del Libertador, General Simón Bolívar, que todavía puede ser preservada, ha cumplido su encargo, y de él da cuenta de la manera siguiente:
En medio del montón de polvo y horruras que la urna de plomo contenía, resultado de la descomposición de todos los tejidos blandos del cuerpo y de los vestidos, se ha preservado el esqueleto casi completo, aunque algunos huesos pequeños han ya desaparecido, otros están casi pulverizados y todos los demás ennegrecidos y en progreso a la descomposición a causa de la humedad que en dicha urna se conserva.
Se procedió, pues, a nombrar dos jóvenes bien instruidos en Anatomía, a saber: el Doctor Cosme Jiménez y el Bachiller Manuel Alvarado, que con el mayor cuidado y prolijidad, entresacasen del montón de horruras todos los huesos, los limpiaran y lavaran con cloruro de cal; los secaran bien, y después los cubriesen de barniz preservativo. Separados los huesos del polvo, y preparados como queda dicho, han sido ensamblados, formando el esqueleto, con alambres de plomo y de plata según las partes; y así conexionados, han sido cubiertos de varias capas del dicho barniz preservativo.
El esqueleto tiene las faltas siguientes:
1º La de los dedos anulares, y las segundas falanges de todos los otros dedos de las manos, excepto las de los pulgares.
2º La de algunos huesos del metatarso y todos los dedos de ambos pies.
3º La de la última muela o la cordal izquierda de la mandíbula superior, que en la primera vez que la urna fue abierta en esta ciudad estaba movida pero no faltaba; pero que después no ha sido hallada.
Todas las articulaciones o adaptaciones de los huesos del carpo y metacarpo, tarso y metatarso, y de los dedos, así de las manos como de los pies, han sido hechas por medio de cera de modelar; no siendo posible por su blandura y casi desintegración unirlos por taladros y alambres. Con la misma cera de modelar han sido llenados los espacios vacantes de las manos y los pies por la falta ya dicha de algunos huesecillos, por no introducir allí parte alguna extraña de los restos.
Se ha construido una urna de hoja de plomo, mucho más delgada que el pedazo que quedaba de la que tenía y que fue recortada en una parte considerable en la ciudad de Santa Marta, para acomodarla en la bella urna de madera donada por el Gobierno de la Nueva Granada. En el centro de la nueva urna de plomo está acomodado el esqueleto; y en dos cajoncillos, también de plomo que como apéndice están soldados al interior de aquella pieza, van todo el polvo y demás restos que contenía la caja con entera separación del cuerpo o esqueleto.
Este ha sido envuelto en un manto negro de damasco, y de este modo y con una cuña grande de cedro bien barnizada para colocar la cabeza, ha sido acomodado en la urna de plomo que ha presencia de todos los miembros de la Comisión ha sido soldada y puesta dentro de la de madera, la cual cerraron con sus dos llaves.
Todo este proceso ha sido ejecutado dentro de la misma Iglesia Catedral, en un aposento de la capilla de San Nicolás, que el M.R. señor Arzobispo tuvo la bondad de franquear para el efecto, y desde allí ha vuelto la urna al panteón en que se hallaba.
Dios Guarde a VS. Muchos años.
José Vargas, J.M. Carreño, Mariano Uztáriz, Casimiro de Vega, F. Toro, Francisco R. Hernández, Bartolomé Palacio.”
Ibídem, pp. 375-377.
La tercera, última y más reciente exhumación de los restos del padre de la Patria, se efectuó el 17 de julio de 2010, en las instalaciones del Panteón Nacional donde habían reposado sus restos desde su traslado allí el 27 de marzo de 1874, hasta el presente. La Comisión Presidencial nombrada para la investigación científica e histórica sobre los acontecimientos relacionados con el fallecimiento del Libertador Simón Bolívar, fue la encargada de realizar esta nueva exhumación de los restos del héroe, extrayendo la vieja caja de plomo que los contenía desde 1843. A mediados de setiembre de 2010 se informó a los medios de comunicación lo que se encontró en dicha caja luego de su apertura:
“1- Un manto negro de damasco que envolvía el esqueleto.
2- Dos cajas de plomo soldadas a la urna las cuales contenían polvo. Restos provenientes del cuerpo, de la vestimenta, del calzado de El Libertador y un sobre de plomo que contenía un acta elaborada por la comisión encargada del traslado desde Santa Marta de los restos de Bolívar en 1842, firmada por el Dr. José María Vargas y por todos los miembros de la comisión.
3- El esqueleto ensamblado con alambres de plomo y plata, cubierto con barniz preservativo tal y como fue trabajado por el Dr. José María Vargas en 1843 y con los siguientes detalles: el cráneo aserrado horizontalmente, las costillas por ambos lados cortadas con oblicuidad como para examinar el pecho; los dedos anulares y la segunda falange de todos los otros dedos de las manos, excepto las de los pulgares, reconstruidas con cera de moldear al no haber sido halladas por el Dr. José María Vargas en 1843. Algunos huesos del metatarso y todos los dedos de ambos pies reconstruidos con cera de moldear. La dentadura casi completa con la ausencia de la última muela cordal de la izquierda de la quijada superior, sobre la cual el Dr. José María Vargas explica que fue vista junto a los restos pero que en 1843 ya no se hallaba con ellos. Todas las articulaciones o adaptaciones de los huesos del carpo, metacarpo y tarso reconstruidos con cera de moldear por el Dr. Vargas.
Después de haber verificado la existencia de todo lo anterior, los científicos acreditados por la Comisión Presidencial, procedieron a:
1- Medir y describir los huesos del esqueleto encontrados.
2- Escanear algunos huesos con la idea de verificar posteriormente datos como la talla y el sexo.
3- Retirar 4 muestras dentales: dos frontales, 1 canino y 1 premolar de los cuales 2 fueron trasladados al Ministerio Público, 1 al IVIC y 1 al IDEA, laboratorios en los cuales se extrajo material de ellos para obtener el ADN. Además dos dientes superiores fueron retirados del cráneo, mientras que éste fue sometido a una tomografía con el objeto de garantizar su posible utilización para futuras investigaciones y futuras tomas de ADN. Los estudios que se hagan en los laboratorios del Ministerio Público, el IDEA y el IVIC facilitarán identificar el patrón de ADN de los restos que podrán contrastarse con el ADN de otros familiares como el caso de María Antonia Bolívar, cuyos restos están actualmente en la Catedral de Caracas y serán sometidos a estudios en el mes de agosto.
4- Se tomaron las siguientes muestras de tejido óseo: 2 cuñas de la cabeza humeral derecha, parte del cráneo a la que no se le hizo tomografía ni radiología para evaluar el ADN, una muestra del quinto arco bustal del lado izquierdo, una costilla, para investigar una posible infección por tuberculosis a través de dos tecnologías distintas, un fragmento de una falange de la mano izquierda para el ADN, una muestra del coxal izquierdo de la cara anterior donde se observó una lesión, posiblemente por secuela de tuberculosis. Esta muestra será evaluada por los patólogos; una muestra tomada de la cuarta vértebra dorsal que también parecía tener una lesión posiblemente por tuberculosis para los estudios correspondientes, un fragmento de cuña del mismo coxal izquierdo de la cara anterior. Todas las piezas dentales óseas fueron restituidas al esqueleto en las mismas condiciones encontradas.
5- Se hizo una tomografía del cráneo. Este estudio permitirá, con la aplicación de un software especializado, recrear una imagen computarizada y tridimensional del rostro de El Libertador. La recreación de la imagen del rostro de Bolívar puede posteriormente ser comparada con la iconografía conocida del Padre de la Patria.”
¿Cuáles fueron las causas de la muerte de EL Libertador Simón Bolívar?
Sin ánimos de dar una conclusión ante tal interrogante, a continuación suministramos al lector, tres hipótesis; la primera basada en lo que concluyó su medico de cabecera a partir de sus diagnósticos iniciales y luego de la autopsia. La segunda, es una interesante y poco conocida hipótesis de las causas de su muerte, la cual cuestiona el diagnostico históricamente aceptado, y finalmente, presentamos algunos de los datos expresados como conclusiones preliminares, informados a la opinión pública por la Comisión Presidencial venezolana nombrada en 2010 para determinar la identidad de los restos y posible causa de la muerte del Padre de la Patria.
“Autopsia del Cadáver del Excelentísimo Señor Libertador General
SIMÓN BOLÍVAR
El 17 de Diciembre de 1830, a las cuatro de la tarde, en presencia de los señores generales beneméritos Mariano Montilla y José Laurencio Silva, habiéndose hecho la inspección del cadáver en una de las salas de la habitación de San Pedro, en donde falleció S.E. el General Bolívar, ofreció las características siguientes:
1ª HABITUD DEL CUERPO. – Cadáver a dos tercios de marasmo, descolorimiento universal, tumefacción en la región del sacro, músculos muy poco descoloridos, consistencia natural.
2ª CABEZA. – Los vasos de la arachnoides en su mitad posterior ligeramente inyectados, las desigualdades y circunvoluciones del cerebro recubiertas por una materia parduzca de consistencia y transparencia gelatinosa, un poco de serosidad semiroja bajo la dura-mater; el resto del cerebro y cerebelo no ofrecieron en su sustancia ningún signo patológico.
3ª PECHO. – De los dos lados posterior y superior estaban adheridos las pleuras costales por producciones semimembranosas; endurecimiento en los dos tercios superiores de cada pulmón; el derecho casi desorganizado presentó un manantial abierto de color de las heces del vino, jaspeado de algunos tubérculos de diferentes tamaños no muy blandos; el izquierdo, aunque menos desorganizado, ofreció la misma afección tuberculosa, y dividiéndolo con el escalpelo, se descubrió una concreción calcárea irregularmente angulosa de tamaño de una pequeña avellana. Abierto el resto de los pulmones con el instrumento, derramó un moco, parduzco que por la presión se hizo espumoso. El corazón no ofreció nada particular, aunque bañado en un líquido ligeramente verdoso contenido en el pericardio.
4ª ABDOMEN. – El estomago, dilatado por un licor amarillento de que estaban fuertemente impregnadas sus paredes, no presentó sin embargo ninguna lesión ni flogosis; los intestinos delgados estaban ligeramente meteorizados; la vejiga enteramente vacía y pegada bajo el pubis, no ofreció ningún carácter patológico. El hígado de un volumen considerable, estaba un poco escoriado en su superficie convexa; las glándulas mesentéricas obstruidas; el bazo y los riñones en buen estado. Las vísceras del abdomen en general no sufrían lesiones graves.
Según este examen es fácil reconocer que la enfermedad de que ha muerto S.E. el Libertador era en su principio un catarro pulmonar, que habiendo sido descuidado pasó al estado crónico, y consecutivamente degeneró en tisis tuberculosa. Fue pues esta afección morbífica la que condujo al sepulcro al General Bolívar, pues no deben considerarse sino como causas secundarias las diferentes complicaciones que sobrevinieron en los últimos días de su enfermedad, tales como la arachnoides y la neurosis de la digestión, cuyo signo principal era un hipo casi continuo; y ¿Quién no sabe por otra parte que casi siempre se encuentra alguna irritación local extraña al pecho en la tisis con degeneración del parenchima pulmonar? Si se atiende a la rapidez de la enfermedad en su marcha, y a los signos patológicos observados sobre el órgano de la respiración, naturalmente es de creerse que causas particulares influyeron en los progresos de ésta afección. No hay duda que agentes físicos ocasionaron primitivamente el catarro del pulmón, tanto más cuanto que la constitución individual favorecía el desarrollo de esta enfermedad, que la falta de cuidado hizo más grave; que el viaje por mar que emprendió el Libertador con el fin de mejorar su salud, le condujo al contrario a un estado de consunción deplorable, no se puede contestar; pero también debe confesarse que afecciones morales vivas y punzantes como deberían ser las que afligían continuamente el alma del General, contribuyeron poderosamente a imprimir en la enfermedad un carácter de rapidez y en su desarrollo, y de gravedad en las complicaciones, que hicieron infructuosos los socorros del arte.
Debe observarse a favor de esta aserción, que el Libertador, cuando el mal estaba en su principio, se mostró muy indiferente a su estado, y se denegó a admitir los cuidados de un medico; S.E. mismo lo ha confesado; era cabalmente en el tiempo en que sus enemigos le hartaban de disgustos, y en el que estaba más expuesto a los ultrajes de aquellos que sus beneficios habían hecho ingratos. Cuando S.E. llegó a Santa Marta, bajo auspicios mucho más favorables, con la esperanza de un porvenir más dichoso para la patria, de quien veía brillantes defensores entre los que le rodeaban, la naturaleza conservadora retornó sus derechos; entonces pidió con ansias los socorros de la medicina. Pero ¡ah! Ya no era tiempo! El sepulcro estaba abierto aguardando la ilustre victima, y hubiera sido necesario hacer un milagro para impedirle descender a el. – San Pedro, Diciembre 17 de 1830, a las ocho de la noche. – Alejandro Próspero Reverend.
Es copia: J.A. Cepeda. Secretario.”
Material tomado de “La Última Enfermedad, Los últimos Momentos y Los Funerales de Simón Bolívar. Libertador de Colombia y del Perú por su médico de cabecera el doctor A.P. Reverend” copia de la edición original hecha en Paris en 1866. Ministerio de Relaciones Exteriores, Dirección de Relaciones Culturales, Caracas abril de 1983, pp. 33-35.

“Desde cuando el doctor Alejandro P. Reverend en sus boletines clínicos diarios y en la diligencia de autopsia sentó la tesis de que Bolívar había muerto a consecuencia de una tuberculosis pulmonar, los historiadores, de manera unánime, y con ellos la opinión universal, aceptaron ese diagnostico como verdad inconclusa. Y sin embargo, el estudio atento de la escasa y vaga documentación histórica que tenemos, está lejos de reunir las exigencias mínimas esenciales para que se le acepte siquiera como criterio de aproximación y de probabilidad. Se comprende sin dificultad que las condiciones incipientes y en gran parte erróneas en que se encontraba la medicina en aquella época remota, no permiten abarcar la totalidad científica de la cuestión para llegar a una certidumbre. Se siente el ánimo conturbado ante la penosa tarea de revisar las doctrinas patológicas reinantes en aquellos tiempos y la falta de datos que hubieran sido preciosos para llegar al descubrimiento de la verdad. Pero la confrontación de aquellos relatos inconexos con el estado actual de los conocimientos científicos, deja en el espíritu la impresión nítida de que está muy lejos de poder aceptarse sin reparo el diagnostico de tuberculosis pulmonar. En tal sentido, llama en primer termino la atención la brevedad inverosímil de la dolencia. De acuerdo con los boletines médicos emitidos desde su llegada a Santa Marta hasta el día de su muerte, la enfermedad tuvo exactamente diez y siete días de duración, es decir, desde el primero hasta el diez y siete de diciembre de 1830. Se podría argüir, naturalmente, que la infección pulmonar venia evolucionando desde mucho tiempo atrás y que el Libertador no se dirigió a Santa Marta sino cuando la gravedad de sus padecimientos lo hizo presentir que la muerte estaba cercana.
No concuerda, sin embargo, tal interpretación con las informaciones que sobre el particular nos proporciona la historia. Me ha sido imposible, desde luego, hallar alguna luz que permitiera inferir desde cuando, aproximadamente, se sentía enfermo el grande hombre y esta es una de las deficiencias incomprensibles de la amnesís, pero que se explican en hechos sucedidos hace ya más de un siglo. Parece, de todos modos, que el Libertador gozaba de buena salud hasta poco antes de su llegada a Santa Marta, a juzgar por las siguientes frases que copio literalmente del relato que hace el doctor Reverend: …..”En esta primera conversación, que tuvo lugar ya en castellano, ya en francés, me enteré de que él (el Libertador) había desdeñado la asistencia de los médicos al principio de su enfermedad, que comenzó por un catarro en Cartagena, curándose él mismo, como lo acostumbraba, mediante un tratado de higiene que siempre llevaba consigo, y que él había venido embarcado para desocupar su estómago de bilis por medio del mareo, así como lo logró”…. “y que, a pesar de su repugnancia a los auxilios de la medicina, él tenia la esperanza de que yo lo pondría bueno, por su cuerpo virgen de remedios (sic)”. De lo transcrito se deduce claramente que el enfermo no se sentía grave cuando llegó a Santa Marta, puesto que abrigaba la esperanza de una curación rápida, y tampoco parece razonable suponer que la enfermedad viniera evolucionando desde mucho tiempo atrás, porque los síntomas de una tuberculosis pulmonar que mata al enfermo en diez y siete días tenían que ser lo bastante graves para obligarlo a buscar los auxilios de la medicina, aun como una manifestación instintiva.
Y si cuando una tisis común acaba con el enfermo en seis meses hablamos de evolución rápida de la enfermedad, que decir de este caso insólito en el que el diagnostico y la muerte se hallan separados por un lapso de diez y siete días?
Pero el análisis del cuadro sintomático proporciona elementos de juicio mucho más convincente que este argumento indirecto fundado en la rapidez del proceso. De los boletines clínicos del doctor Reverend se deduce claramente que los síntomas cardinales de la enfermedad del Libertador eran los siguientes: tos, expectoración, fiebre, dolor retroesternal, adelgazamiento progresivo y anorexia. Ya dije en el capítulo respectivo que todos estos síntomas son comunes a una caverna tuberculosa en evolución y a un abceso amibiano del hígado abierto en los bronquios. Y si en el estado actual del progreso científico resulta todavía difícil el diagnostico diferencial entre estas dos afecciones, cuando para hacerlo se dispone solamente de elementos clínicos, y la certidumbre tan sólo se logra hoy mediante la radioscopia y el examen bacteriológico de los esputos, que pensar de las dificultades que la solución del problema tenia en aquella época lejana, cuando los recursos de laboratorio ni siquiera se sospechaban todavía?
Pero hay más aun. El medico de cabecera de Bolívar insiste en casi todos sus boletines diarios en que el hipo torturaba al enfermo de manera casi constante, a todo lo largo de su penosa dolencia. Y aunque posible, naturalmente como fenómeno esporádico en cualquier momento de su evolución, la patogenia de este hipo persistente no encaja cómodamente dentro del diagnostico de una tuberculosis pulmonar. Nueve veces de cada diez – afirma un sabio clínico francés – el hipo tiene un origen gástrico. Y ya dije también en el capitulo correspondiente de que manera franca y tenaz repercute sobre el estómago la amibiasis del hígado y de las vías biliares.
Como sino fuese bastante lo anotado hasta ahora, el doctor Reverend agrega que el enfermo, en los últimos días de su vida, presentó síntomas inequívocos de una cistitis, con emisión involuntaria de orina. También este síntoma concuerda admirablemente con el que se observa en la evolución de la amibiasis intestinal y hepática, según lo expliqué en su lugar correspondiente.
Tampoco puede pasar inadvertido el hecho, repetidamente subrayado por el medico del Libertador, de que los esputos tenían siempre cierta coloración verdosa. Bien sabido es que la tisis común, en cualquier momento de su evolución, pudiera dar esputos con ese carácter, pero resulta muy singular la persistencia de tal coloración, que hace pensar involuntariamente en el color de la bilis.
Con ser muy elocuentes las constataciones que dejo anotadas para llegar a una rectificación del diagnostico, más poderosos me parecen aun en tal sentido, los resultados de la autopsia, que como se puede inferir sin dificultad, fue labor incompleta, deficiente e inspirada, desgraciadamente, en los errores médicos que dominaban en aquella época. A despecho de tales lagunas, la diligencia necroscópica proporciona datos de sumo interés, como vamos a verlo.
“El estómago – dice literalmente el doctor Reverend – dilatado por un licor amarillento del que estaban fuertemente impregnadas las paredes”. En un movimiento retrógrado, diríamos ahora de manera exacta y precisa, que la bilis había refluído al estómago impregnando fuertemente las paredes. Y continua el doctor Reverend: “El hígado, de un volumen considerable, estaba un poco escoriado en su superficie convexa. La vejiga de la hiel muy extendida”. Traducido al lenguaje actual, esta aseveración se enunciaría así: El hígado bastante aumentado de volumen y lesionado en su superficie convexa, y la vesícula biliar distendida muy por encima de su tamaño normal, delataban la existencia evidente de un proceso inflamatorio de tales órganos, es decir, que la autopsia vino a demostrar, de manera cierta, que existía una hepatitis y una colecistitis. Y viene ahora lo más interesante de las constancias de la autopsia. “De los dos lados superior y posterior estaban adheridas las pleuras costales por producciones semimembranosas; endurecimiento de los dos tercios superiores de cada pulmón; el derecho casi desorganizado, presentó un manantial abierto del color de las heces del vino…” Al abrir el pulmón derecho – diríamos ahora con propiedad – se encontró un abceso, cuyo pus, de color oscuro, había destruido casi por completo el órgano. “El izquierdo – prosigue la diligencia de la autopsia – aunque menos desorganizado, ofreció la misma afección tuberculosa y dividiéndolo con el escalpelo se descubrió una concresión calcárea irregularmente angulosa, del tamaño de una pequeña avellana”. Este nódulo de calcificación lo conservó el doctor Reverend, según su propio testimonio.
Tenemos en resumen, que en el pulmón izquierdo se halló un foco tuberculoso curado por calcificación, hallazgo vulgar que nada significa, puesto que vestigios semejantes de una infección antigua vencida por las defensas orgánicas naturales se encuentran con mucha frecuencia en la autopsia de personas sanas, que han muerto a consecuencia de un accidente traumático o de otro orden. El pulmón derecho, por el contrario, estaba casi completamente destruido por un abceso cuyo pus oscuro fluyó en abundancia al abrir el órgano. Resulta sumamente significativo el hecho de que fuera precisamente el pulmón derecho, es decir, el que está colocado encima del hígado y en íntimo contacto patológico con él, el que presentara las lesiones capaces de explicar suficientemente la muerte del enfermo, y aunque se pudiera pensar que esta circunstancia obedeció a una simple casualidad, los síntomas concomitantes a que me acabo de referir en este análisis nesográfico no permiten llegar a tal conclusión eventual. El color del pus, por otra parte, inclina decididamente al ánimo a pensar que se trata de un pus, hepático, puesto que no habiendo existido en toda la enfermedad un hemoptisis, pero ni siquiera alguna tendencia hemoptoica, la coloración del pus no tendría explicación satisfactoria si se hubiera de admitir que era de origen exclusivamente pulmonar. Es lamentable, desde luego, que nada se diga en la diligencia de la autopsia sobre la existencia de alguna comunicación de naturaleza fistulosa entre el hígado y el pulmón derecho, pero tal omisión en nada perjudica mi hipótesis, porque los crasos errores de la medicina de aquellos tiempos no permitían esperar un dato de tan exquisita minuciosidad anatómica. Para formarse una idea de lo que fueron las doctrinas medicas de tan remotas edades, bastaría citar la siguiente frase del medico, consignada en el boletín clínico del día 8 de diciembre, y que nosotros leemos con estupor:”… se le observaba de un modo sensible entorpecimiento en el ejercicio de sus facultades intelectuales. Me pareció ser un efecto de la supresión de la expectoración, y que la materia morbífica, por un movimiento metastásico, del pecho subía a la cabeza”.
Con lo dicho queda demostrado que, vistas las cosas a través de una información clínica y necroscópica tan deficiente como la que, por razones explicables, nos proporciona la historia, y confrontando, tanto el cuadro en conjunto como los elementos que lo integran, con los conocimientos científicos actuales, el criterio de probabilidad se inclina a concluir, con poderosas razones que el Libertador Simón Bolívar no murió a consecuencia de una tuberculosis pulmonar, como se venia creyendo hasta ahora, sino de un abceso amibiano del hígado abierto en los bronquios porque no hay ninguno de los síntomas comprobados que no concuerde con este diagnóstico, mientras que, por el contrario, seria preciso forzar un tanto la interpretación para encajar el conjunto dentro de la concepción de una tuberculosis pulmonar. Todo ello sin detenerme a analizar más extensamente, por razones de brevedad, la circunstancia anotada arriba de la rápida evolución del proceso, tan aceleradamente mortal, como tampoco el problema, demasiado complejo para exponerlo en detalle en un estudio de esta clase, de que la amibiasis hepática tuvo que ser, en aquellos remotos tiempos, mucho más frecuente en nuestro medio que la tuberculosis, cuyos verdaderos estragos vienen siempre con la civilización.
Y que quede este modesto estudio retrospectivo, por su intención al menos, ya que no por sus meritos, como un homenaje cordial ala memoria del hombre más grande de América.”
Material obtenido a partir del trabajo titulado “La amibiasis intestinal y hepática en Colombia” del Dr. Luis Ardila Gómez, imprenta de Departamento, Bucaramanga 1944, y que fuera reproducido en parte en la obra “Simón Bolívar más allá del mito” de Guillermo Ruiz Rivas, pp.593-597.
El 26 de julio de 2011, el Vicepresidente de Venezuela Elías Jáua, presentó ante los medios de comunicación, los primeros resultados de los estudios médicos forenses, antropológicos, odontológicos y genéticos realizados a los restos del Libertador. Se concluyó, que los restos si corresponden al Libertador Simón Bolívar luego de encontrar la coincidencia en el ADN-Mitocondrial con los restos de su hermana mayor María Antonia Bolívar, que reposan en la Catedral de Caracas.
Jáua informó, que los diversos estudios arrojaron que en la estructura ósea no se encontraron restos de tuberculosis y se encontraron asombrosas coincidencias con los cálculos antropológicos. En ellos, fueron encontrados rastros de componentes tóxicos que pudieran haber acelerado la muerte, entre los que se mencionó el arsénico u elementos arsenicales como la cantaridina que formaban parte de los ingredientes de los medicamentos consumidos por el Libertador. El Vicepresidente señaló: “Queda abierta la posibilidad de envenenamiento o intoxicación no intencional producto de la aplicación de tratamientos contaminados con arsénico o medicamentos arsenicales así como la cantaridina” (compuesto químico venenoso que aplicado sobre la piel produce enrojecimiento, erupciones e irritación y consumido vía oral produce irritación en el aparato urinario). Según ésta hipótesis de los científicos de la comisión, los tratamientos aplicados al Libertador quizás precipitaron su muerte “sin que esto excluya la posibilidad que también padeciera de tuberculosis”, precisó Jáua.
El Vicepresidente dijo que aún no se pueden emitir conclusiones definitivas en lo referente a las causas de su muerte: “Más que certezas quedaron más dudas sobre la causa de la muerte de Bolívar”, afirmó; sin embargo, el funcionario señaló que la comisión logró dos de los objetivos que se había propuesto: identificar los restos y preservarlos dignamente. Los estudios continuarán realizando un engranaje de los mismos, de manera macro y microscópica de la patología forense y los resultados del ADN para tuberculosis, paludismo y derivados de intoxicación por cantaridina, así como estudios toxicológicos de arsénico, en función de definir con mayor precisión las causas del fallecimiento.
Otros de los resultados de la pesquisa realizada, identifican a Bolívar como un hombre mestizo, delgado y fuerte, de tronco corto, así como de pelvis y espalda estrecha, su cabello era ondulado y fino. Los restos encontrados pertenecen a un varón aproximadamente de 47 años de edad al momento de su muerte, de tipología racial mestiza con prioridad caucasoide, y con la estatura calculada en vida de 1,65 metros. También se concluyó que el Libertador era diestro y fue bien alimentado durante su infancia y adolescencia. Se encontró desgaste en los ligamentos de la cadera, lo que hace presumir largas caminatas por diferentes terrenos de manera continua. Su cráneo era alto y de contorno ovalado y alargado, y de los estudios odontológicos realizados a su dentadura, se determinó que al momento de su muerte sufría de periodontitis.
Nuevo Sarcófago y Preservación Moderna de los Restos del Padre de La Patria.
Una vez finalizados los estudios científicos realizados por la Comisión Presidencial nombrada en 2010 para la exhumación de los restos de Simón Bolívar en el Panteón Nacional, se establecieron medidas de preservación, preconsolidacion, consolidación del sistema óseo, huesos y dientes pertenecientes a aquel, por medio de las técnicas más avanzadas.
Una de las principales medidas, fue colocar el esqueleto perfectamente ensamblado, en una urna de metacrilato, la cual fue sellada al vacío y atornillada con tornillos de oro de Guayana. Esta urna a su vez, fue colocada en otra de caoba, madera proveniente de Uverito (ver infografía abajo) con el escudo nacional elaborado en oro e incrustado en la tapa de la misma. Esta nueva urna, fue colocada nuevamente en el Panteón Nacional, en espera de la conclusión de de la nueva edificación a la cual será trasladado en el futuro.
Recopilación, investigación y redacción, José Peña, Caracas 2012.
BIBLIOGRAFÍA:
- Dr. Luis Ardila Gómez, La amibiasis intestinal y hepática en Colombia” , imprenta de Departamento, Bucaramanga 1944.
- Guillermo Ruiz Rivas,“Simón Bolívar más allá del mito”.
- José Vargas, Obras Completas, Caracas 1965
- La Última Enfermedad, Los últimos Momentos y Los Funerales de Simón Bolívar. Libertador de Colombia y del Perú por su médico de cabecera el doctor A.P. Reverend, Ministerio de Relaciones Exteriores, Dirección de Relaciones Culturales, Caracas abril de 1983
- Agencia Venezolana de Noticias.
- Prensa IVIC.
- Venezolana de Televisión.
- Diario Correo del Orinoco.

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